Tres de la mañana y el perro del vecino no para de ladrar. Es la quinta noche consecutiva que ocurre, una historia que se repite a menudo y que molesta a terceros, en este caso, vecinos. Ruidos, suciedad y malos olores suelen ser el origen de la ruptura de la convivencia en una comunidad de propietarios cuando nos referimos a las mascotas pero, ¿puede llegar el caso en que el animal tenga que abandonar el edificio por imperativo judicial? Una sentencia reciente dictada por la Audiencia Provincial de Cantabria dice que sí (se puede leer íntegramente aquí).

Una comunidad de propietarios de Castro Urdiales demandó a una vecina –tras aprobarlo en una junta extraordinaria- por los malos olores y los ruidos insoportables de los cinco perros que tenía en su piso. La Justicia ha dictado ahora que los animales deben desalojar el edificio al considerar acreditado que el trastorno por los ruidos y la suciedad ocasionados por los perros de la demandada no eran simples molestias que los propietarios estuvieran obligados a soportar.

La sentencia, que no es firme y contra la que cabe recurso ante el Tribunal Supremo, ha abierto de nuevo el debate sobre la convivencia de los animales en las comunidades de vecinos.

La Ley de Propiedad Horizontal (LPH) tiene previsto un procedimiento en casos de actividades molestas o insalubres. Es la llamada acción de cesación de actividades molestias o de actividades prohibidas en los Estatutos. El artículo 7.2 de la LPH indica que “al propietario y al ocupante del piso o local no les está permitido desarrollar en él o en el resto del inmueble actividades prohibidas en los estatutos que resulten dañosas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas”.

La sentencia de la Audiencia Provincial de Cantabria ha reabierto un debate que siempre está de actualidad entre los administradores de fincas. De hecho hace unos días el Colegio de Administradores de Fincas de las Islas Baleares y el Colegio de Veterinarios de Balears (Covib) organizaron una jornada informativa para tratar de responder a cómo encauzar la conflictividad en la convivencia entre personas y animales. Representantes de ambos colectivos coincidieron en apuntar la importancia de la “responsabilidad de los dueños de las mascotas” para evitar llegar a casos como el de Castro Urdiales.

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